pequeñas victorias. en 1972 llegó el agua corriente a la fregadera de casa, esta fue una gran victoria para mi madre, tanto, que se le escaparon unas lagrimas; el agua caliente tardó unos años más; en 1974 se instaló un retrete con su lavabo y una gran bañera de hierro cerámico en tono rosa; hasta entonces cagábamos en la cuadra, en el mismo sitio dónde dormían dos cabras, una gris ceniza y otra en banco y negro, en los amplios pliegos de los periódicos de entonces, el ABC, el HERALDO DE ARAGÓN y hasta en LA VANGUARDIA, ejemplares retrasados que nos daba un terrateniente catalán; así que lo mismo te cagabas encima de la carita de Franco que en la de Carrero Blanco, en la del gobernador civil de turno, encima de una cena de gala de las autoridades provinciales en el Casino de Huesca, o encima de la mismísima Virgen del Pilar. Hasta que llegó el agua potable, la traían mis padres desde la fuente en un carrito para cuatro cántaros; de la fuente salía un tubo que alimentaba el abrevadero, allí había muchas sanguijuelas que se movían de aquí para allá, había sanguijuelas en todas las fases de crecimiento, todas al acecho, esperando la hora en que el ganado y las caballerías se amorraran a beber para engancharse en sus bocas.
domingo, 26 de junio de 2016
pequeñas victorias
pequeñas victorias. en 1972 llegó el agua corriente a la fregadera de casa, esta fue una gran victoria para mi madre, tanto, que se le escaparon unas lagrimas; el agua caliente tardó unos años más; en 1974 se instaló un retrete con su lavabo y una gran bañera de hierro cerámico en tono rosa; hasta entonces cagábamos en la cuadra, en el mismo sitio dónde dormían dos cabras, una gris ceniza y otra en banco y negro, en los amplios pliegos de los periódicos de entonces, el ABC, el HERALDO DE ARAGÓN y hasta en LA VANGUARDIA, ejemplares retrasados que nos daba un terrateniente catalán; así que lo mismo te cagabas encima de la carita de Franco que en la de Carrero Blanco, en la del gobernador civil de turno, encima de una cena de gala de las autoridades provinciales en el Casino de Huesca, o encima de la mismísima Virgen del Pilar. Hasta que llegó el agua potable, la traían mis padres desde la fuente en un carrito para cuatro cántaros; de la fuente salía un tubo que alimentaba el abrevadero, allí había muchas sanguijuelas que se movían de aquí para allá, había sanguijuelas en todas las fases de crecimiento, todas al acecho, esperando la hora en que el ganado y las caballerías se amorraran a beber para engancharse en sus bocas.
martes, 10 de mayo de 2016
cabezón
Elegí esta música para acompañarme cada vez que vuelvo a casa; al final, un hombre solo tiene una casa, y aunque cuando abro la puerta me reciben la ausencia y un abandono doloroso, no tardo en sobreponerme y pronto el silencio no es tal, la casa empieza a vivir y yo aparezco en mi sitio de siempre, como si el tiempo hubiera estado suspendido. Tomo el relevo de sus ocupantes huidos o muertos, y salvo, de lo que queda, lo que puedo; ahora unas oliveras, las he aligerado de ramas y troncos, acicalándolas como a unas auténticas damas; porque, qué es una olivera limpia de ramas y soleada, sino una mujer presumida; bien... cabezón.
lunes, 28 de marzo de 2016
redacción libre
Redacción
libre.
Llevo un tiempo a
vueltas sobre la cuestión de la mediocridad, a cuenta de un examen para mi
fallido ingreso en los Salesianos. Luego se me ha ocurrido lo de la edad, ya
que hoy he pasado por una ecografía urológica para controlar el tamaño de la
próstata.
Esta mañana me he
duchado para no oler. Como cada año me tumbo en la camilla y me descubro;
cuatro dedos por debajo del ombligo (parte alta de la pelvis), y la camisa por
encima de las costillas flotantes (a los riñones se accede por los flancos). En
ese momento surge con el radiólogo una especie de conmiseración; se suspende la rutina de la vida mientras escruta, no con fuerza pero tampoco flojo, los riñones y la vejiga, hasta que
pronuncia la frase, “todo normal, como el año pasado”.
¿Qué tal el
examen? No sé; papá, cuántos huevos hay
en docena y media?
jueves, 10 de marzo de 2016
orfidal
Todas las cosas nos hablan esta noche, pensamos en todo lo que escuchamos, oímos palabras dulces, nombres tras el cristal; ahora hablan las sombras, dulces sombras que nos hablan a lo lejos y envuelven tiernamente con su aliento, nos llaman con sílabas desconocidas y nos acompañan.
sábado, 28 de marzo de 2015
un sueño
Esta noche he soñado contigo, yo creo que ha sido en la negrura más opaca del sueño cuando has salido no sé muy bien de dónde y te has acercado decidida, me has cogido la mano y te he rodeado por la cintura apretándote contra mi. A pesar de que hacía mucho que no nos veíamos, me has besado. He sentido tus labios y un poco de la saliva de tu lengua, y me mirabas como diciéndome, sí, créelo, soy yo y te estoy besando, este es mi cuerpo, esta mi saliva, mi lengua, y respiramos lo mismo; podía sentir la piel como a mi me gusta recorrerla, con la yema de mi dedo índice derecho. Luego te has ido por la misma negrura del sueño.
lunes, 29 de septiembre de 2014
kodak
Hace unos meses coloqué una fotografía
cerca de la mesa de trabajo, en un lugar preferente para poder verla
con facilidad; es una foto en el color aún pobre del 66, en la que un
grupo de hombres y niños del pueblo posan como un equipo de fútbol,
cerca de la mesa de trabajo, en un lugar preferente para poder verla
con facilidad; es una foto en el color aún pobre del 66, en la que un
grupo de hombres y niños del pueblo posan como un equipo de fútbol,
con el mosén en el centro, un mosén gordo que viste guardapolvo
negro; en cuclillas, debajo y a la derecha de mi padre, estoy yo, el
más pequeño; hace mucho sol como en el verano siempre hace, en el aire
hay pereza, obligación de vivir. Mis paisanos miran al fotógrafo y
el polvo de la tierra se pega a los zapatos y a los bajos de sus
pantalones, y sube mordiendo las paredes y la puerta que sirve de fondo
a la imagen. A la izquierda del grupo y pegado sobre la fachada del
“café” hay un cartel de chapa que anima a beber "fanta”. Aunque es un
plano largo los conozco a todos; los hay que posan con los brazos
cruzados en actitud dócil, otros abrazan a su compañero por la
espalda en señal de forzada camaradería, los hay con traje de chaqueta
bien cortado que adoptan una pose de galán, otros inclinan la cabeza
hacia el centro del grupo esforzándose por “salir”, ignorando que hay
plano de sobra, están los que parecen incómodos y huidizos, y los de
gesto rudo y laborioso. Inútilmente busco explicar la necesidad de
mirarme diariamente en esa foto, quiza es el intento de extraer, desde este
abismo, la esencia del instante en el que todos guardamos el mismo silencio.
negro; en cuclillas, debajo y a la derecha de mi padre, estoy yo, el
más pequeño; hace mucho sol como en el verano siempre hace, en el aire
hay pereza, obligación de vivir. Mis paisanos miran al fotógrafo y
el polvo de la tierra se pega a los zapatos y a los bajos de sus
pantalones, y sube mordiendo las paredes y la puerta que sirve de fondo
a la imagen. A la izquierda del grupo y pegado sobre la fachada del
“café” hay un cartel de chapa que anima a beber "fanta”. Aunque es un
plano largo los conozco a todos; los hay que posan con los brazos
cruzados en actitud dócil, otros abrazan a su compañero por la
espalda en señal de forzada camaradería, los hay con traje de chaqueta
bien cortado que adoptan una pose de galán, otros inclinan la cabeza
hacia el centro del grupo esforzándose por “salir”, ignorando que hay
plano de sobra, están los que parecen incómodos y huidizos, y los de
gesto rudo y laborioso. Inútilmente busco explicar la necesidad de
mirarme diariamente en esa foto, quiza es el intento de extraer, desde este
abismo, la esencia del instante en el que todos guardamos el mismo silencio.
viernes, 12 de septiembre de 2014
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